
Es una buena pregunta. En primer lugar, supongo que porque se me dio y se me sigue dando la gana de trabajar ahí y porque a los directivos les sigue pareciendo que puedo hacer más o menos bien el trabajo. La verdad que no hubo muchos “super planteos” de por medio en mi decisión de dedicarme a la educación, más bien fue un razonamiento bastante simple: “Dicen que el futuro está en manos de los jóvenes… y bueno, supongo que alguien tendrá que hacer algo por ellos”. Entonces, ¿por qué no yo?
Al contarle esto a mis amigos, más de uno trata de contener su desconcierto, para lanzar después un “ah, mirá que bueno”. Hasta a los alumnos les llama la atención. El otro día un chico, con su espontaneidad de adolescente, me preguntó: “Mariano, ¿vos sos ingeniero?”. Ante la respuesta afirmativa, con cara de asombro, me dijo: “¿y entonces qué hacés en un colegio?”. Mientras yo iba elucubrando una respuesta, en la que trataría de explicarle la importancia de la educación, otro de los chicos, con la misma espontaneidad, respondió: “y… para ayudarte a vos, ¡no te das cuenta!”.
Así son los pibes, en un momento no sabés en qué están pensando, y de repente, con total sencillez, te tiran una máxima que te desarma. Por hoy, dejamos acá… El (1) del título lo agregué al final porque me doy cuenta de que este tema da para mucho.